Durante el siglo XVII el objetivo de la enseñanza a los indígenas cambio. Después de la conquista el fin principal instruir a los indígenas a la fe católica. Se impartía esta instrucción religiosa en su nativo idioma, principalmente por los frailes criollos y sus ayudantes indígenas.
Fue hasta mediados del siglo XVIII cuando se establecieron escuelas de castellano con el fin enseñar la doctrina cristiana y facilitar el nombramiento de sacerdotes diocesanos. Además se ordeno que se pagara a los maestros con los fondos de la comunidad. Este mandato no fue bien recibido ni por los indios ya que se oponían a enviar a sus hijos a aprender una lengua extraña y difícil; ni por las órdenes religiosas.
En pocos años ya se contaba con 286 escuelas en 76 pueblos indios; por lo menos una cuarta parte de estas escuelas enseñaban a leer y escribir además de la doctrina.
En 1767 después de la expulsión de los jesuitas las escuelas del castellano asumió un objetivo político.
Se ordenó la enseñanza del español y erradicar los idiomas indígena, pero esto se modificó en 1782 cuando se propuso una nueva cédula que añadió oficialmente el mandato de enseñar a leer y escribir además de la doctrina cristiana.
Eran supervisadas por el gobierno civil, se enseñaba a niños mestizos y blancos con los indios y sus maestros eran pagados por la comunidad. A finales del siglo XVIII, se formularon “Reglamentos” para cada pueblo según la Ordenanza de Intendentes.
El cierre de colegios en 21 ciudades en la Nueva España se debió a la expulsión de casi 500 jesuitas, de los cuales 120 eran profesores. Para llenar el vació dejado tras la expulsión de los jesuitas los franciscanos y los agustinos abrieron colegios en varias ciudades y así aumento el número de alumnos en los seminarios diocesanos.
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